Cuando sientes dolor en el oído, ¿qué haces? ¿qué médico buscas? Quizás un Otorrinolaringólogo que te ampare y te guíe en cómo cuidar y recuperarte. ¿Y cuándo sientes dolor, sufrimiento, agotamiento psíquico, emocional como lo cuidas? ¿A quién buscas? Te invito a pensar como una persona biológica, psíquica y social, que tiene construcciones constantes y complejas. El cuidado de la salud mental aún hoy está rodeado de tabúes y miedos, pero como cualquier otro dolor, el sufrimiento psíquico está en el cuerpo, la mente y necesita ser cuidado de forma precisa y especializada. Pero entonces… 

¿Qué es la mente? quizá un “lugar” donde se crean o guardan los pensamientos, si le preguntáramos a un niño de 7 años él podría señalar su cabeza como el lugar donde ubica sus pensamientos, esas percepciones tienden a ser insuficientes para definir la mente, si vamos atrás en el tiempo encontramos que la mente ha sido definida desde varias perspectivas filosóficas y científicas; por ejemplo el filósofo Karl Popper no definió de manera unitaria a la mente, planteó un problema; cuerpo-mente definiendo al cerebro como una condición necesaria para que la mente realice sus funciones, a lo que el llamaría después dualismo Cuerpo-Mente y que serviría posteriormente para el desarrollo de la Teoría de la Mente. Es en este punto que Popper introduce “el cuerpo” como un elemento a considerar dentro de cualquier abordaje en salud mental. 

Para entenderla debemos pensar también en el cuerpo, la Organización Mundial para la Salud piensa que “un estado de completo bienestar físico, mental y social” es Salud Mental y no encierra ésta última solamente en “la ausencia de afecciones o enfermedades”, y a su vez establece como principio global que “no hay salud sin salud mental”. Tener un bienestar es necesariamente pensar que el cuerpo tiene una sinergia con la mente, que el cuerpo cumple, de alguna forma, las veces de vehículo que lleva nuestros dolores y alegrías, lo que nos gusta y no, las motivaciones y los temores, y que estos elementos, paradójicamente, no tienen un cuerpo que nuestros ojos identifiquen como tal. El miedo, el amor, la motivación, la empatía son fenómenos que usan a nuestro cuerpo para hacerse reconocibles ante todos, por ello, es que condiciones como la anorexia, el Parkinson, la tricotilomanía (hábito en el que las personas sienten placer en arrancarse el cabello, y vello de diferentes partes del cuerpo) son visiblemente perceptibles. Y ¿qué pasa con las personas que padecen de otras condiciones que están en sus cuerpos pero que no son visibles y fácilmente perceptibles? 

Según el Plan de Acción Sobre Salud Mental 2013-2020 de la OMS, que arroja datos de relevancia como; 1) La segunda causa de muerte en personas de entre los 15 y los 29 años después de los accidentes de tránsito es el suicidio, 2) En los países de ingresos bajos y medios entre un 75% y un 85% de las personas que tienen algún trastorno grave no reciben tratamiento y la cifra es alta también en los países de ingresos elevados: entre un 35% y un 50%. 3) Que los recursos para financiar la salud mental por persona son de US$2 para los que viven en países de ingreso medio o bajo y US$50 para una persona que vive en un país con ingresos elevados. 4) La disposición en recurso humano es un profesional en psiquiatría por cada 100.000 personas y solo el 7% de psicólogos inmersos en la fuerza laboral trabaja en salud mental. Y que, si llevamos esos datos a Colombia, evidenciamos que dentro del programa La Salud en las Américas de la Organización Panamericana de la Salud, la depresión y la ansiedad predominan en los adolescentes, niños de entre 7 y 11 años presentan algún problema de salud mental, y que las enfermedades que predominan en personas mayores de 18 años son la psicosis, depresión y ansiedad. También hay indicios que el acceso a los servicios de salud mental se distribuye con un 92% para niños de entre 7 a 11 años y un 38% para la población adulta, además el informe describía que, en Colombia en el año 2016, 3486 vidas de hombres y mujeres se perdieron por cuenta del suicidio. 

¿Qué hacemos? Me pregunto más que como una ciudadana preocupada, como colombiana, qué hace este país por cuidar la salud mental de todos nosotros. Actualmente Colombia cuenta con la ley 1616 de 2013 que vela por garantizar el ejercicio pleno del derecho a la atención en salud mental y en línea con el Plan de Acción Sobre Salud Mental 2013-2020 de la OMS busca abarcar servicios, políticas, leyes, planes, estrategias y programas para abordar esto. Que, si bien tiene una estructura estratégica y operativa centrados en la promoción, prevención y rehabilitación termina reducida en acciones de contención y recuperación, situación que aparta el foco – critico – de prevenir y promocionar acciones de vida saludables. Y por el contrario evidencia incapacidades para estructurar protocolos de atención primaria en salud mental. 

Como es operada ahora, la salud mental “rehabilita y cura” una perspectiva que está ignorando la vulnerabilidad natural y predeterminada sobre nuestro psiquismo al que estamos expuestos desde el nacimiento y que se refleja en diferentes experiencias; apartarnos de papá, mamá, o alguien que nos cuida para ir al primer día de clases, enterarse que eres adoptado, hacer amigos, sufrir de bullying, cambiar de casa voluntariamente o sufrir un desplazamiento, vivir la pérdida de alguien por una muerte natural o por un asesinato, lograr finalizar el colegio, no poder continuar estudiando, quedar embarazada, quedar embarazada siendo adolescente, ser llamado para una entrevista de trabajo, esperar ser llamado para alguna entrevista de trabajo, estudiar lo que quieres, lograr tener recursos para estudiar, sentir tristeza por todo, sentir felicidad por todo, ganarse una lotería, no tener dinero, ser ascendido, ser despedido, vivir en la ciudad, vivir en la calle de una ciudad, vivir en el campo, vivir en la selva, viajar solo, viajar acompañado, desear tener hijos, querer operarse para no tener hijos, ser homosexual, ser heterosexual, ser asexual, ser indígena, ser blanco, ser negro, ser hombre, ser mujer. Es la trayectoria humana, experiencias de todos que configuran “la experiencia de vivir” y que directamente influye en nuestro psiquismo que a su vez crea un universo único que debe ser mirado y cuidado.  

Escrito por Carolina Rivas – Coordinadora de proyectos Cubo Social

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